Dirección de empresas

¿Qué diferencia unos directivos de otros?

Publicado el 4/10/19 9:01

 

 

¿Qué diferencia a los malos directivos de los buenos? Según Juan Manuel Parra, profesor de INALDE Business School, esta cuestión agobia a quien debe ocupar un cargo de dirección, a la vez que amarga a quienes toman la decisión de ascender a esta posición al directivo equivocado y a los que deben padecer los resultados de su mala gestión, sean empleados, proveedores o clientes.

Carlos Llano Cifuentes, el filósofo y empresario mexicano fundador de Ipade Business School, decía que dirigir supone mucho más que solo estar en la parte de arriba de un organigrama.

Según Juan Manuel Parra, hay gente en los niveles superiores que es incapaz de marcar una dirección apropiada para la organización e inspirar a nadie. Asimismo, hay personas en cargos medios (según la estructura de la organización) que tienen la capacidad de un director general, miran su función desde múltiples aristas y lideran a su gente de manera envidiable, aunque el organigrama no lo ponga en los cargos de mayor visibilidad. Por eso, Llano afirmaba que a un directivo se le reconoce más fácilmente por su función y sus acciones que por su cargo, es decir, por su capacidad de resolver problemas reales (más que por crearlos).

En todos los niveles de la empresa se toman decisiones. Cada uno, por supuesto, lo hace desde las limitaciones y responsabilidades de su respectivo encargo. Pero, recuerda Llano, aun si uno no supervisara a nadie, le correspondería “mandar sobre sí mismo, que es el más difícil de todos los mandos”.

Por eso es fundamental el desarrollo de un criterio práctico, capaz de resolver problemas de naturalezas diversas, de observar con detalle las distintas aristas detrás de los problemas complejos y de enfrentar las contingencias y realidades inciertas que cambian frecuentemente, que no pueden ser resueltas desde una fórmula o una receta única.

Ahora bien, para Llano, una dirección de empresas verdaderamente eficaz es la que al cabo del tiempo se convierta en innecesaria, por cuanto ha desarrollado tanto a la gente con la que trabaja y ha forjado tanto su carácter, que sus vínculos no estarán determinados por la dependencia hacia el superior y su dominio del cargo. Ese carácter se transmite por contagio, es decir, por el buen ejemplo que cada uno recibe (o debería recibir) de su jefe.

¿Cuáles son las tres actividades, por excelencia, esenciales para el acto de dirigir?:

  1. El diagnóstico
  2. La decisión
  3. El mando

Estos corresponden a los tres objetos a los que se orientan: la situación en la que se encuentra, la meta u objetivo que pretende alcanzar y el equipo con quien cuenta para lograrlo. Cada una de estas actividades propias de la dirección suponen unas virtudes para poderlas realizar a plenitud.

Para ser capaz de realizar un diagnóstico claro de su actual situación, el directivo debe contar con dos virtudes fundamentales:

  1. Ser objetivo frente a las oportunidades y amenazas que enfrenta
  2. Ser humilde frente a sus propias capacidades y las de su organización para hacerles frente.

Para tomar decisiones correctas de cara a los objetivos y metas que debe alcanzar, un directivo necesita:

  1. Magnanimidad, entendida como afán de logro
  2. Audacia, es decir, capacidad para asumir riesgos de forma prudente de acuerdo con el diagnóstico previo.

Al final, para Juan Manuel Parra, dirigir no se trata de un permanente combate contra las circunstancias externas, aun si confluyen en realidades presentes, pero fuera del control de cada uno. La gran lucha está contra las propias condiciones personales, incluyendo la falta de autodominio y la ausencia de proyectos, donde uno puede llegar a ser su peor enemigo y, de paso, de aquellos a quienes pretende dirigir.

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