Método del caso

Ética profesional: Análisis "Cartel de los pañales" | Blog INALDE

Publicado el 01-oct-2017 23:00:00

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La ética profesional es indispensable en los cargos de la alta dirección. Estas son algunas reflexiones de Ciro Gómez Ardila, profesor de INALDE Business School, sobre lo ocurrido en el llamado “cartel de los pañales” en Colombia, a partir de unos correos electrónicos enviados por los directores de las diferentes empresas involucradas.

No es tanto lo que dicen o no dicen, sino lo que están pensando quienes los escriben. En estos días El Tiempo publicó algunos mails de directivos de empresas implicadas en el llamado “Cartel de los pañales”. No conozco a sus autores, ni siquiera sé si el contenido es cierto, pero al leerlos sí lo parece: “Te cuento que acabo de hablar con la persona encargada de droguerías y me informa que tu precio sigue abajo un 3 por ciento por debajo de Pequeñín y el mío. Has estado prácticamente 9 meses con el precio 3 por ciento abajo. Quiero saber si vas a seguir. Pues de ser así me toca bajarme. Me dijiste que el 3 de diciembre esto quedaba arreglado, pero el precio sigue malo. Me parece una bobada que no subas el 3 por ciento, cuando Pequeñín sí subió el mes pasado y tu compromiso era hacerlo el 3 de diciembre”.

Con algo de estupor, por una parte, y de cierta tranquilidad por otra, pensé que los participantes de los programas en los que he sido profesor nunca escribirían un mail así; repaso sus caras en mi cabeza, escucho sus comentarios en sesión y estoy seguro de que ellos no lo harían. No podrían perder el norte así. Los conozco, sé cómo son.

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Me pongo a pensar qué puede llevar a una persona a escribir esto sin darse cuenta de lo que está diciendo y haciendo. ¿Cómo es posible que quienes proponemos y defendemos una economía de mercado, una libre competencia, el bienestar del cliente, lleguemos a pensar y actuar así con naturalidad? ¿Cómo no ver las consecuencias de estos actos?

Comencemos diciendo que es muy mediocre que nuestro éxito empresarial consista en convencer al competidor de que mantenga alto su precio; es como basar nuestro éxito como futbolistas en convencer al portero contrario de que se deje hacer goles, ¿quién puede, después de algo así, llevarse orgulloso el balón a su casa y mostrarlo como trofeo?

Y esto, que ya es suficiente, no es nada con que literalmente se está robando y defraudando la confianza pública, se está horadando el piso mismo en el que se sostiene la economía de mercado que nos ha llevado al bienestar del que disfrutamos.

Y si, como creo, uno termina convirtiéndose en sus decisiones, ¿en qué tipo de directivo y empresario se convierte quien así actúa?

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¿Qué puede llevar a alguien a actuar así? Abstraído en esa pregunta, de pronto me asaltó una duda: ¿habría podido ser yo? Estaba juzgando con dureza una conducta, sin duda, totalmente reprochable, y a su autor, pero ¿qué habría hecho yo en una situación similar? Es una pregunta que de tanto en tanto me hago. Es tan fácil imaginarme en el lado correcto de la historia, pero ¿hubiera sido así? ¿Estoy hoy del lado correcto? Son tantas las escenas de películas históricas en las que uno entiende ahora cuál es el lado correcto, pero ¿lo habría visto tan claramente al vivirlo? ¿De qué lado hubiera estado en esa manifestación? ¿Por quién habría votado? ¿Habría defendido al que había que defender o quizá lo hubiese atacado como todos esos que hoy repudio?

Volviendo a los mails, ¿cómo estoy tan seguro de que yo no los habría escrito? La presión por los resultados es tan grande, que no es extraño que me hubiera perdido. El ambiente general es tan permisivo que quizá mi educación y mis instintos se habrían atolondrado. Estamos tan obsesionados con el “qué”, que se nos olvida lo importante que es el “cómo”.

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Y de pronto, en la penumbra de la adaptación a lo usual, algo pasa, y se hace la luz, se ve todo claro, y leemos nuestros mails en los periódicos y comprendemos que no pudimos haber sido sus autores. Nos aterramos al ver lo que hicimos. No entendemos cómo pudimos llegar allí. Nos avergüenza presentarnos ante nuestra familia, ante nuestros amigos. Quisiéramos echar el tiempo atrás y cambiarlo todo.

¿Quisiera ser el autor de esos mails? Claro que no ¿Los habría podido escribir yo? Quizá sí. Creo que el primer paso para no hacerlo nunca es estar consciente de que sí podría haberlo hecho.

Encuentre en el INALDE Business School Blog más análisis sobre ética profesional, corrupción en las empresas y estilos de dirección que podrá usar como referentes.

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