Dirección de empresas

Decisiones directivas en tiempos de pandemia

Publicado el 1/04/20 11:07

 

luis-carlos-bravo-inalde-business-schoolPor Luis Carlos Bravo, profesor de Dirección de Finanzas y Control.

Las buenas decisiones directivas son fundamentales en todo momento, pero aún más en aquellos en los que reina la incertidumbre, porque es allí cuando se hace más difícil comprender la realidad de lo que ocurre, construir una previsión razonable sobre los posibles escenarios a enfrentar en el futuro más próximo y tomar decisiones prudentes que estén basadas en hechos más que en miedos y ansiedades.

Es necesario entender la situación actual y la manera como los directivos de las empresas colombianas están tomando decisiones día tras día para hacer frente a una coyuntura muy dinámica e incierta, generada por la crisis sanitaria que enfrenta el mundo por causa del COVID-19, las medidas que vienen anunciando las autoridades para hacer frente a esta pandemia y las consecuencias de todo ello sobre la economía en general, sus propios negocios y, especialmente, nuestra gente.

La crisis sanitaria

El 26 de diciembre de 2019 fueron identificados los primeros casos de COVID-19 en el HICWM Hospital de Wuhan, en la provincia de Hubei, en China. Desde ese día, los casos confirmados se han multiplicado exponencialmente. El 25 de marzo de 2020 la Organización Mundial de la Salud reportó 414.179 personas infectadas en 198 países.

A lo largo de estos tres meses, se ha publicado una gran cantidad de información sobre el virus y su rápida expansión. Es tarea del directivo separar los hechos ciertos de las noticias falsas para luego seleccionar de allí los aspectos más relevantes con miras a comprender lo que está ocurriendo y poder tomar mejores decisiones.

En ese ejercicio, el rasgo que más preocupa del COVID-19 es, sin duda, su elevada velocidad de contagio. Según diferentes estudios científicos, R, la tasa de reproducción del virus, se encuentra por encima de 2. Es decir que, en promedio, cada persona infectada genera más de dos nuevos contagios.

Fuente: Wang, H., Wang, Z., Dong, Y. et al. Phase-adjusted estimation of the number of Coronavirus Disease 2019 cases in Wuhan, China. Cell Discov 6, 10 (2020). https://doi.org/10.1038/s41421-020-0148-0

La tasa R es la razón principal por la cual las autoridades de diferentes países han tomado decisiones drásticas buscando evitar que la expansión exponencial del virus termine por desbordar la capacidad de cuidados intensivos del sistema de salud.

Algunos países que no tomaron medidas a tiempo han sufrido un impacto considerable. En tres meses, a nivel global falleció el 4,5% de las personas infectadas por el COVID-19. Pero el porcentaje varía notoriamente entre los diferentes países.

Fuente: World Health Organization, Coronavirus disease 2019 (COVID-19), Situation Report 65. Cálculos del autor.

Las tasas de fatalidad particularmente altas corresponden a países como Italia y España, en los cuales el sistema de salud colapsó por la cantidad de casos críticos que requerían y no conseguían cuidados intensivos.

En otros países como Colombia y Estados Unidos, el sistema de salud no ha colapsado aún. Estos países presentan tasas de fatalidad similares a la de Corea del Sur, país que ha tomado medidas exitosas para evitar que su sistema de salud colapse con el virus.

La guerra contra R

El 22 de marzo de 2020, el Gobierno de Colombia expidió el decreto 457 mediante el cual se ordena el aislamiento preventivo obligatorio de los ciudadanos en todo el territorio nacional hasta el 13 de abril. La medida tiene por objetivo frenar la rápida expansión del COVID-19. El aislamiento permitirá disminuir el número de contagios que puede causar cada persona infectada, es decir, tendrá un impacto directo sobre la tasa R.

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Por supuesto, si con la medida se logra que R disminuya a niveles inferiores a 1, la epidemia estará controlada. Sin embargo, en el caso colombiano este resultado no será fácil de alcanzar porque la duración de la cuarentena es de tan solo tres semanas y porque el decreto 457 tiene mucha porosidad.

Existen 37 excepciones que permiten la movilidad de los ciudadanos durante la cuarentena para el desarrollo de actividades muy variadas, relacionadas con la salud, alimentos y bebidas, servicios bancarios, servicios públicos, centros de llamadas, internet y telefonía, servicios postales, fuerzas armadas, servidores públicos, misiones diplomáticas, petróleo, gas natural y minerales.

Aun así, si la cuarentena logra frenar parcialmente la expansión del virus, la medida habrá tenido sentido porque gracias a ella el país habrá ganado tiempo para fortalecer su sistema de salud y estar mejor preparado para atender los casos críticos de COVID-19. Recordemos que la tasa de fatalidad del virus baja si se logra evitar que el sistema de salud colapse.

Por lo anterior, durante la cuarentena el país deberá trabajar intensamente en diferentes frentes relacionados con el fortalecimiento del sistema de salud, entre ellos los siguientes:

  • Incrementos en la capacidad de atención de urgencias vitales, especialmente el número de camas de unidades de cuidados intensivos, los ventiladores y otros activos que se requieran para este fin.
  • Incrementos en la capacidad de hacer pruebas masivas que permitan detectar tempranamente los nuevos casos de infección para lograr aislarlos rápidamente y reducir su potencial de contagio.
  • Desarrollo de sistemas de trazabilidad para que, una vez detectado un caso, se identifique con rapidez a las personas que han estado en contacto con quien resultó infectado y se les aísle oportunamente.

En la movilización de recursos para el fortalecimiento del sistema de salud, la economía del Coronavirus requerirá del esfuerzo mancomunado de autoridades y sector privado para su éxito.

Al finalizar la cuarentena es difícil que el país regrese inmediatamente a la cotidianidad que existía antes de la pandemia. Posiblemente el gobierno liberará paulatinamente las restricciones a la interacción social y, simultáneamente, hará un seguimiento estricto a la enfermedad para evitar una nueva expansión rápida del virus.  

Por la complejidad de la situación, no es posible descartar una extensión de la cuarentena, ni tampoco la posibilidad de que se decreten en el futuro otras cuarentenas similares.

Todo ello, mientras se logra desarrollar un tratamiento médico efectivo para la enfermedad y, en últimas, la vacuna, que en estos momentos está en fase 1 de estudios según el doctor José Jimeno, fundador del centro de investigación de vacunas Cevaxin.

Efectos económicos de la lucha contra el COVID-19

Tanto la epidemia como las medidas de distanciamiento social que se han tomado para enfrentarla tienen un impacto muy significativo sobre la economía. De una parte, la demanda se ha contraído, especialmente en sectores e industrias relacionados con bienes y servicios no esenciales. Algunos ejemplos son los restaurantes, hoteles, servicios de salud no esenciales, confecciones, y entretenimiento. Merece ser destacado el comercio de la calle, que depende del día a día que genera el tránsito diario de las personas. Sin tránsito de personas, no hay ventas.

Adicionalmente, la oferta se ha reducido, también con fuerza. Las restricciones a la movilidad hacen imposible la producción de bienes y servicios, con excepción de aquellos exceptuados en las normas y de otros que pueden prestarse virtualmente como la educación, la telemedicina, las aplicaciones tecnológicas y varios servicios profesionales.

Pero durante la cuarentena, una gran cantidad de empresas simplemente no pueden ofrecer nada en sus mercados. Es el caso de servicios que requieren presencia física como la construcción y la ingeniería, así como las actividades industriales y comerciales no exceptuadas.

Estas reducciones de demanda y oferta han causado temores entre los empresarios de que este sea el comienzo de una recesión económica. En mi opinión, es muy temprano para hacer este tipo de afirmaciones, especialmente en un entorno tan incierto. Razones para no ser tan pesimistas hay y son varias. La dinámica acelerada de la economía del coronavirus, la continuidad de las actividades petrolera y minera exceptuadas en el decreto 457, las decisiones que vienen tomando las autoridades para mitigar los efectos económicos de la lucha contra el COVID-19 y el factor más importante de todos: los seres humanos somos, todavía, imposibles de predecir. La creatividad, la solidaridad y la capacidad de generar conocimiento útil para enfrentar el entorno actual son factores muy difíciles de incluir en las proyecciones económicas y, sin duda alguna, pueden hacer la diferencia.

Con relación a las diversas decisiones que vienen tomando las autoridades para mitigar el impacto económico de la lucha contra el COVID-19 existen dos categorías que tienen un impacto directo sobre el quehacer directivo.

La primera hace referencia a los esfuerzos por dar liquidez a la economía. El Banco de la República amplió el cupo de endeudamiento de los bancos y el acceso a este tipo de recursos para otros agentes del mercado. Para los empresarios, esto significa que habrá liquidez para poder acceder a créditos y superar posibles crisis temporales de recursos.

En la misma línea, el Gobierno Nacional y algunos gobiernos municipales modificaron el calendario de obligaciones tributarias con lo cual las empresas podrán recibir un oxígeno adicional.

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El segundo tipo de medidas se refiere a aquellas que buscan proteger el empleo. En esta línea, buscando evitar una crisis social, el Ministerio de Trabajo ha tomado decisiones como la resolución 0803 que intenta evitar las suspensiones y las liquidaciones masivas de contratos de trabajo.

Criterios para tomar decisiones complejas

Sin duda, la responsabilidad de nuestros directivos en la coyuntura actual es enorme. Con sus decisiones deben hacer frente a las amenazas del entorno, buscando defender la sostenibilidad de sus organizaciones, lo cual implica entender y atender las necesidades e intereses de los diferentes grupos sociales relacionados con ellas.

Desde esta perspectiva, la toma de decisiones a nivel directivo debe seguir disciplinadamente un proceso de priorización ordenado, basado en la correcta comprensión de la realidad del negocio:

  1. Defender la sostenibilidad financiera de la empresa. Por supuesto, si la empresa deja de existir, todos los grupos de interés pierden. Los dueños, los empleados, los proveedores, el mercado, la comunidad y el gobierno. Financieramente, la sostenibilidad de la empresa pasa por dos variables fundamentales. La primera es el flujo de efectivo de los próximos 3 a 6 meses.

    Cada empresa debe entender cómo el entorno está afectando su flujo de efectivo y las implicaciones que tiene esto sobre su viabilidad. La segunda variable es el acceso a liquidez, ya sea proveniente de posiciones de caja favorables en el balance o bien mediante la contratación de créditos. La sostenibilidad financiera de la empresa implica, en muchos casos, la planeación de pérdidas, es decir, cada empresa debe ser consciente de las dificultades serias del entorno actual y estudiar los escenarios de pérdidas que no comprometen su viabilidad de largo plazo.
  1. Cuidar a la gente. Si la sostenibilidad de la empresa no se encuentra seriamente comprometida, la prioridad debe ser el cuidado de la gente, especialmente la más vulnerable. En muchos casos, los empleados son el grupo más importante para proteger, pero también es necesario conocer la situación de los proveedores y los clientes, buscando en últimas proteger a los más débiles. En esto un directivo no puede equivocarse. La sostenibilidad de la empresa depende de su capacidad de crear valor para la sociedad en su conjunto y la solidaridad en los momentos difíciles juega un papel fundamental en ello. Al respecto, cito al profesor Ciro Gómez de INALDE Business School: “Si podemos sacar algo bueno de esta crisis ojalá sea que como sociedad nos volvamos más solidarios”.
  1. Construir futuro. Las empresas que no tienen comprometida su sostenibilidad deben, además de proteger a la gente, aprovechar la coyuntura para construir un mejor futuro que les permita adaptarse bien a los cambios en el entorno. Esto incluye la posibilidad de aprovechar el tiempo de los empleados para impulsar proyectos nuevos, desarrollar productos, profundizar en el conocimiento del mercado o simplemente, mejorar lo que se viene haciendo.

Las empresas pueden enfrentar la coyuntura actual de diferentes maneras según sea el resultado del proceso de priorización expuesto. Algunas podrán únicamente trabajar en el primer paso porque su prioridad en estos momentos es evitar desaparecer. Otras, en cambio, podrán proteger a su gente y sembrar futuros.

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He construido cuatro perfiles con base en mis conversaciones con directivos de empresas de diferentes sectores y tamaños acerca de la forma en que el entorno los ha impactado y de las decisiones complejas que están tomando.

  1. En el primer cuadrante se encuentran las empresas que tienen buena liquidez y buen flujo de efectivo. Estas empresas tendrán la posibilidad de seguir operando durante la cuarentena por ser tratadas como excepción en el decreto 457 o por su capacidad de operar virtualmente. Su sostenibilidad financiera no está comprometida y pueden seguir los pasos 2 y 3 sin problema, con posibilidades incluso de salir fortalecidas cuando la crisis de salubridad sea superada.
  1. En el segundo cuadrante se ubican las empresas con poca liquidez, pero buen flujo de efectivo. Estas empresas pueden seguir operando durante la cuarentena y, en consecuencia, a pesar de no tener excesos de liquidez, pueden generar flujos de caja positivos. Su sostenibilidad financiera no se ve comprometida y pueden tomar decisiones encaminadas a proteger a su gente. En varios casos, estas empresas pueden encontrar oportunidades de innovación interesantes, como aquellas relacionadas con la economía del Coronavirus (paso 3).
  1. En el tercer cuadrante están las empresas que tienen excesos de liquidez y/o buen acceso a crédito, pero cuya operación se verá seriamente restringida o imposibilitada durante la cuarentena y, en consecuencia, tendrán un déficit en su flujo de caja. Estas empresas deben tener un cuidado especial porque su viabilidad financiera está limitada a algunos meses, pero si las medidas de control sanitario se extienden en el tiempo, pueden verse seriamente comprometidas. En estos casos, la disciplina financiera es fundamental. Los directivos deben solicitar actualizaciones diarias de los flujos de efectivo con base en los nuevos eventos de entorno y del negocio que se vayan presentando. Por ejemplo, si el recaudo se retrasa o el acceso a crédito se complica, estas empresas pueden verse en la necesidad de postergar pagos a proveedores e, incluso, enfrentar serias limitaciones en su esfuerzo por proteger a la gente.

    En mi opinión, en estas empresas el paso 3 es fundamental, porque la innovación, además de construir un mejor futuro, puede permitir encontrar soluciones que conduzcan a recuperar la viabilidad financiera de la empresa. Por ejemplo, alrededor de la economía del Coronavirus existen ya hoteles ofreciendo camas para el sector salud y empresas de confecciones acelerando la producción de prendas con telas quirúrgicas. 
  1. En la cuarta categoría se encuentran empresas con poca liquidez y flujo de efectivo deficitario y que, por lo tanto, enfrentarán serias dificultades en la coyuntura actual. La lógica financiera indica que, si no ocurre algún cambio favorable muy pronto, en su gran mayoría estas empresas van a cerrar sus operaciones temporalmente por razones de fuerza mayor, posiblemente suspendiendo los contratos laborales y postergando sus planes de compra a proveedores y sus planes de inversión. Están incluidas en esta categoría empresas de diversos sectores de la economía, especialmente aquellas con actividades que no quedaron excluidas de la cuarentena como hoteles, construcción, salud, entretenimiento, restaurantes, confecciones y el comercio de artículos no excluidos.

Las empresas del perfil 4 están hoy entre la espada y la pared. El Ministerio de Trabajo ha tomado medidas para proteger el empleo y está haciendo un seguimiento corto a las suspensiones masivas de contratos de trabajo y a los despidos masivos. Pero las alternativas diferentes con las que cuentan estas empresas no son suficientes para hacer frente a los problemas que tienen. El plazo de uno o dos meses para pagar impuestos o el acceso a créditos financieros no resuelven su problema raíz. La liquidez que brindan los plazos de pago y los créditos financieros no tiene asociada una fuente de pago suficiente. Sencillamente, una empresa que no vende no tiene cómo pagar sus costos y gastos y, mucho menos, sus créditos. Endeudarse solamente profundiza el problema.

¿Cuántas empresas están en este perfil? Es difícil saberlo, pero acá puede estar la semilla de una crisis económica de gran tamaño porque su desaparición destruirá empleos, reducirá el recaudo tributario, afectará a los clientes y empobrecerá a los empresarios.

Las autoridades tienen acá un reto enorme y la realidad es que no existen recursos fiscales suficientes para proteger a estas empresas.

Contagiarnos, pero de solidaridad

En medio de tantas dificultades, es alentador ver cómo los directivos de las empresas en Colombia se han volcado hacia la búsqueda de soluciones que permitan cuidar a su gente.

A pesar de la adversidad, son muchos los directivos que han implementado soluciones que buscan defender a la gente, como implementar el trabajo desde casa, solicitar a los empleados que tomen vacaciones acumuladas y anticipadas, e incluso, otorgar licencias remuneradas.

Las empresas que pueden pagar a tiempo a sus proveedores están ayudando a que no se acentúe la crisis. Aquellas que no alcanzan a pagar a todos sus proveedores están priorizando según la debilidad del proveedor, intentando apoyar a los más débiles y viabilizar sus negocios.

¿Qué pasaría si la solidaridad se expandiera hasta volverse generalizada? Las empresas de los cuadrantes 1 y 2 tienen hoy la capacidad de profundizar sus negocios con proveedores de los cuadrantes 3 y 4, posiblemente con condiciones de pago más rápidas de las que usualmente utilizan.

Por ejemplo, una empresa de servicios públicos puede acelerar la contratación de todas las necesidades tecnológicas que tiene para el resto del año. Con esta decisión, apoyaría decididamente a proveedores del sector de tecnología quienes, ahora sí, estarían en condiciones de buscar créditos financieros para financiar sus faltantes de caja durante la cuarentena, a sabiendas de que tienen contratos de trabajo importantes por desarrollar cuando terminen las restricciones a la movilidad.

De esta forma, las empresas de los cuadrantes 3 y 4 tendrían flujos de caja menos débiles y podrían defender a su propia gente. Al verse con empleo, la gente seguiría pagando sus cuentas, incluyendo los servicios públicos, y podría ayudar a otra gente que atraviesa dificultades.

De hecho, la solidaridad puede verse desde una perspectiva similar a la utilizada en el análisis de la crisis sanitaria. Si en promedio cada uno de nosotros se solidariza con 2 personas o más, entonces el crecimiento de la solidaridad será tan exponencial como el del COVID-19 y en cuestión de semanas estaremos todos económicamente fortalecidos.

Suena utópico. Lo sé. Pero qué bueno sería que nos contagiáramos todos del virus de la solidaridad.

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